Una escuela reflexiva ante las heridas epistemológicas: La Ética y el docente samaritano.


“El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás.” Herbert Spencer

Imagen relacionadaLos procesos de enseñanza modernos, pareciesen estar cada vez más y más enfocados hacia el engrandecimiento de los egos o planteamientos de conocimientos carentes de contextualización, de sentido y significado para el estudiantado, que progresivamente ha venido reclamando una formación humana más consciente y reflexiva de las necesidades cotidianas, un conocimiento propicio y valioso ante el cual puedan afiliarse discursos que promuevan la transformación y el empleo del saber como un instrumento para aliviar el sufrimiento humano.

Sin lugar a dudas, el contexto educativo ha legitimado una serie de prácticas que aunque probablemente sean aceptadas por una buena parte de la comunidad, nos permiten también preguntarnos cómo y de qué manera estamos construyendo nuestro Ethos docente, en qué manera vivimos y actuamos según la función que cumplimos en la sociedad, y cómo y bajo qué mecanismos de acción buscamos convertir nuestra profesión en una herramienta útil para una misión única, transformar vidas a través del conocimiento.

Dentro de nuestro inagotable arsenal pedagógico y humano, se moviliza todo un entramado de intencionalidades, que pueden hacer variar nuestra práctica cotidiana, y que nos permiten reflexionar en torno a cuáles son las principales carencias (heridas) que tiene el conocimiento en la actualidad, y que pueden agotar la práctica pedagógica al quitarle al saber su principal enfoque, transformar y liberar mentes y espíritus.

La falta de sentido y pertinencia, el adoctrinamiento, la no significancia del conocimiento, la repetición y la concepción del saber como una herramienta mercantil, son las heridas más comunes que podemos encontrar inmersas en nuestro que hacer docente, y que se entrelazan entre discursos de proyección, crecimiento y cambio. ¿Cuál es entonces la verdadera necesidad de aprender si el conocimiento pareciese tornarse más como un camino al lucro? ¿Qué enfoque debemos darle a nuestra vocación docente?

Un docente samaritano, es aquel que está en la capacidad de movilizar las acciones que realiza en su práctica para motivar la construcción, la formación y la masificación de mentalidades compasivas, pensantes y críticas en sus estudiantes, que usan el saber para comunicar perspectivas, para crear esperanza y para sanar el sufrimiento del otro.

Así pues, es importante preguntarnos ¿Cómo se hacen evidentes nuestros principios éticos al momento de transmitir conocimiento?, ¿Cómo evitamos seguir causando heridas en las mentalidades y en los estilos de aprendizaje de los demás?

Estamos gobernando y sanando heridas? ¿o las heridas de la episteme gobiernan nuestro pensamiento?

Esta es una reflexión inacabada, un ejercicio de sintaxis metodológica, discursiva y práctica, mas sin embargo, es necesario que como comunidad de saber nos alejemos de ese individualismo hedónico, y recordemos que somos un grupo humano que camina junto el mismo sendero, que anhela metas comunes, y que busca lograr transformaciones radicales, desde la puesta en práctica de la palabra, desde la construcción de evangelio, para formar seres humanos con los demás y para los demás.

La academia es un espacio completamente diverso, lleno de altibajos, de frustraciones y de perspectivas y metas, en donde nosotros como comunidad educativa, día a día refundamos y repensamos la educación, por encima de la dogmatización, de la politización y la manipulación.

La reflexión sobre nuestra labor debe ser un ejercicio autónomo y guiado a reconocer nuestras fortalezas pero ante todo señalar nuestros errores, inmersos en nuestra práctica pedagógica, debemos ser consciente de que la labor formativa no siempre se da de la manera en que la deseamos, pero que sin importar las coyunturas, debemos recordar siempre nuestra intencionalidad, nuestro horizonte, que muchas veces se verá plagado por egos, por incongruencias, o simplemente por el activismo; evitemos limitarnos o reprimirnos a nosotros y nuestros estudiantes, sanemos las heridas, y construyamos vidas, pues nada vale más que esta misma, luchemos por la felicidad del espíritu y la mente.

Todo docente, por principio es un sujeto soñador, un misionero que vive y siente, que persigue un ideal continuo y ejerce su labor sanando, para construir un mundo mejor. Como lo haría Jesucristo, difundiendo el amor y la compasión por encima de cualquier otra cosa, y buscando dejar un legado positivo como resultado de su accionar formativo, y ante todo, viendo a la educación, como el único camino a la transformación de cualquier comunidad.

Permitamos construir una escuela que cura heridas de todo tipo, que pronostica, que diagnostica y que salva. Soñemos con una escuela libre de toda atadura no productiva. En este mundo tan profundamente enfermo vale la pena trabajar y reflexionar la escuela para hacer de esta un espacio mayormente samaritano, un espacio en el que dejemos de lado la individualidad, y formemos comunidad, desde la ética, el saber y el evangelio. Seamos siempre evangelio para el mundo, seamos siempre buena noticia para el saber.

“La humanidad necesita hombres prácticos, que sacan el mayor provecho de su trabajo, y, sin olvidar el interés general, salvaguardar sus propios intereses. Pero la humanidad también necesita soñadores, para quienes el desarrollo de una tarea sea tan cautivante que les resulte imposible dedicar su atención a su propio beneficio.”

Marie Curie

 

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