“Sana convivencia: un desafío con los demás y para los demás”


“Sana convivencia: un desafío con los demás y para los demás”

El año 2013 en Colombia marcó para  las  instituciones educativas el punto de partida para el trabajo de la convivencia escolar y brindó la Ruta de Navegación a partir de la cual se podrían desarrollar las estrategias y herramientas metodológicas que contribuirían al mejoramiento del ambiente al interior del aula y en los espacios escolares. De ahí que la Ley 1620 que creó el “Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el Ejercicio de los Derechos Humanos, Sexuales y Reproductivos y la Prevención y la Mitigación de la Violencia Escolar” es una invitación a los padres y a las familias, a los docentes y a los directivos y en general a la Comunidad Educativa a que se involucren en el desarrollo de los niños y jóvenes, creen ambientes de diálogo y concertación, de respeto y tolerancia con la diferencia y de resolución de conflictos de manera justa, asertiva y autónoma.

Por eso, como Institución Educativa, que  convoca  y  reúne a la familia en torno a educar personas integrales y felices, entendemos que la dinámica escolar y el quehacer cotidiano nos proporcionan retos diarios asociados al entorno en que nos encontramos ubicados, al contexto social y político que no es ajeno al proceso que desarrollamos y al avance tecnológico que no detiene su marcha y que, por supuesto involucra a nuestros estudiantes. Y ante todo reconocemos que nuestro trabajo involucra, se direcciona y es ejecutado por seres humanos, que por su naturaleza están llamados a la convivencia y que el hecho de vivir en comunidad representa para cada uno el escenario en que convergen las necesidades e intereses particulares de cada individuo, así como las necesidades e intereses del grupo.

De ahí surge la prioridad de crear unas reglas comunes que incluyan a todos y que permitan la sana regulación de las relaciones dentro de un marco de respeto y armonía que garanticen que los procesos de enseñanza – aprendizaje se lleven a cabo a feliz término. Y en nuestro caso particular el Manual de Convivencia nació de la necesidad de la Comunidad Educativa de ver compiladas las reglas de juego propias de nuestro contexto, pero con la firme intención de formular bases sólidas para atender y promover, desde lo preventivo y formativo, la convivencia corresponsable en un ambiente con normas, derechos y deberes que involucran a todos.

En consecuencia, valoremos este incalculable recurso como lo que es: un material de consulta y reflexión permanente para promover la academia, la auto regulación y la formación integral; una guía para resolver oportunamente conflictos individuales y colectivos con instancias de diálogo y conciliación y un aporte concreto del colegio para la construcción de una ciudadanía pacífica, participativa, pluralista, incluyente, justa, equitativa, solidaria y con sentido de pertenencia.

Con éste como cimiento, hemos ido afianzando los pilares de nuestro quehacer educativo integrando varios elementos: la necesidad de un acompañamiento visible y permanente, que evidencie nuestro rol de guías y facilitadores en todos los espacios escolares; la creación de espacios de diálogo constantes que permitan la mediación ante las dificultades que se presentan a diario, en los que la sinceridad sea protagonista y permita la adquisición de la responsabilidad que se requiere ante cada situación para asumir las consecuencias de los actos; la apropiación de las normas para que no sean cumplidas por obligación o imposición sino por autonomía, convicción y libre albedrío; la promoción del trabajo en equipo, como estrategia fundamental para que las comunidades crezcan y progresen, fortaleciendo los diferentes liderazgos que surgen con las habilidades que todos tenemos y que no nos hacen buenos o malos, sino que nos convierten en seres competentes en un mundo de diversidad de talentos; el afianzamiento y aprovechamiento adecuado de los canales de comunicación provistos, para reducir los tiempos de respuesta, hacer seguimiento y acompañar cada proceso y escuchar la voz de todos los miembros de la comunidad que enriquecen nuestra labor y ante todo la importancia del respeto de la diferencia, de puntos de vista, de opiniones, de formas de ver las cosas, de actuar y de sentir. Es claro que ninguna persona nace con prejuicios, con el tiempo se adquieren y condicionan las relaciones, las acciones y los comportamientos, pero si encontramos el valor propio y el valor de los demás, podemos discrepar, disentir o estar simplemente en desacuerdo con las opiniones y actuaciones de otros, pero sabremos que ello es parte de vivir y compartir en comunidad, encontrando en las diferencias, oportunidades para aprender y forjar el carácter.

Creemos firmemente que no existe una fórmula mágica que garantice el éxito de la convivencia, pero sabemos que las situaciones de conflicto no se originan del todo en las escuelas, tiene expresión y manifestación en estas, como reflejo de los fenómenos de crisis, intolerancia y cultura violenta que vive la sociedad actual. Por eso, como Comunidad CLI marcaremos la diferencia, siendo gestores de ambientes de paz, de sana convivencia, de cumplimiento de las normas, de creación de propuestas para cualificar nuestro ambiente escolar y de mejora permanente recurriendo para ello al saber, la reflexión y la práctica pedagógica.

Esta es una tarea diaria, que nos involucra a todos no por loable, sino por necesario, por ser parte de lo que nos hace diferentes a cualquier otro colegio, lo que nos hace Familia CLI.

Alejandra Ortega
Coordinadora de Convivencia

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